Polipoesía

En la década del ochenta, Enzo Marinelli fundó en Italia un movimiento poético que denominó Polipoesía. Bajo esa definición se daban reunión dos ideas. Por una parte, el movimiento reconocía la existencia de muchas formas poéticas diferentes: se buscaba avanzar hacia un estadio poético que describiera el estado de cosas en lugar de prescribirlo y que fuera más tolerante con la diversidad. Por otra parte, se hacía hincapié en la idea de que existían múltiples maneras de interpretar un poema, entendiendo la interpretación no como hermenéutica solitaria del lector sino en su sentido de puesta en escena. La interpretación múltiple hacía entrar a la cancha a un grupo bastante amplio de jugadores: el ruidismo, la distorsión, los medios audiovisuales, la música y las nuevas tecnologías. Cada polipoeta dejaba una rúbrica en el poema a partir de su filtro vocal, teatral, audiovisual o tecnológico. “Poesía bailada, gestualizada, electrificada, interactuada e infinita”, afirmaba Marinelli.

Al mismo tiempo que novedosa, esta nueva forma de leer el poema señalaba el regreso a las formas clásicas: los aedos de la antigüedad recitaban y los poemas se transmitían de memoria –situación de la que da cuenta elocuente hasta hoy en día la versificación de los emblemáticos poemas homéricos La Ilíada y La Odisea. Los héroes griegos aceptaban morir para alcanzar una gloria imperecedera, y resulta significativo que la palabra que se traduce por “gloria”, es decir, clase, tuviera el sentido fundamental de sonido: la gloria de un Aquiles era, pues, una gloria para el oído, una gloria acústica, sonora. Como bien señalan Guglielmo Cavallo y Roger Chartier en Historia de la lectura en el mundo occidental, se trataba de una cultura en la que la tradición oral se creía capaz de asegurar su propia permanencia sin más soporte que la memoria y la voz de los hombres.

Con el regreso a estos ideales clásicos de la poesía, el tratamiento que proponía la Polipoesía para desandar el divorcio que la modernidad había establecido entre el lector y el autor abría el campo de juego para el desarrollo de variaciones inéditas dentro de las prácticas vigentes. Una de ellas sería, un año después de la fundación del movimiento italiano, la creación en Estados Unidos del slam de poesía, movimiento que utilizó esta palabra, slam, proveniente de una onomatopeya, pero que puede convertirse en verbo, para describir, en inglés, un sonido fuerte. Fue el poeta Marc Smith quien comenzó, en 1984, la práctica de esta modalidad en el ya emblemático bar de jazz Get Me High Lounge de Chicago. Allí fue donde, bajo el formato de una pelea de boxeo entre dos poetas, se abrió para el mundo norteamericano la puerta definitiva de la poesía oral. El poeta y actor Sebastian Kirzner, creador, junto a la poeta e investigadora Sol Fantin, del Slam argentino, explica que esta modalidad en Estados Unidos tuvo mucha incidencia en lo social y que, actualmente, los chicos tienen, desde muy jóvenes, la posibilidad de participar en estas competencias, ya sea a nivel escolar, universitario o estatal. Como comprobación de que la poesía oral “vende”,  existe todo un mercado alrededor de ella. El formato se ha vuelto tan rentable que HBO lanzó al mercado especiales en dvd de Slam Poetry: son los Def Poetry, conducidos por el actor, poeta y rapero Mos Def.

(Extracto de “La poesía en el cuerpo” de Valeria Meiller)

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